Poema “En la Cruz Vacía”

Cuelgo yo, en el lugar del Cristo

No a mis duras penas, sino mejor

A todas esas  mal concebidas intenciones

Que a camino no bueno, sino torcido conducen, ellas:

La arrogancia, que se cree la mas virtuosa

Con dos hijas,  la insensibilidad y la indiferencia.

La envidia, que como hija de los celos fue engendrada,

le da  rienda suelta al desenfreno

de las malas intenciones de la mente enfermiza.

El odio, que al no poder ver la justicia,

Va ciego y enloquecido,

Buscando antes de tiempo

en quien ejecutar su nefasta venganza.

La avaricia, que en su deseo incesante

De tener mas y de abarcar para si,

Aun mas de lo que se concibe abarcar,

Siempre a alguien logra empobrecer.

La hipocresía, que es temerosa y ruin,

Oculta la verdadera esencia del ser

Protagonizando un papel falso

Con el que pueda a alguien controlar.

La injusticia, que es falta de amor

Y falta de visión de la realidad,

Que ligada a las anteriores

Intenciones, nada virtuosas

Hacen grandes estragos en

La humanidad, pero que hieren

Y maldicen hasta la misma tierra cuando

Se ejecutan, ellas, sin remordimientos

En aquellos, que aunque imperfectos,

Tratan de ser, mayormente justos.

A todas ellas, a esas malévolas intenciones,

Mejor asirlas con clavos al madero

Y no permitir que de ahí se escapen.

Fueron ellas, las malvadas,

Las que encontraron lugar

En las mentes de aquellos,

Que con falsos testimonios

Y con ávida alevosía inculparon

Al maestro, sanador y justo

Jesús. Admirable consejero

Y bienaventurado pacificador,

Llamado hijo de Dios.

Y por eso lo acusaron

Los pérfidos traicioneros.

Pero como justo al fin,

Compadecido, aun de los malvados

Desde el lugar de su injusto y cruel tormento

Se le escuchaba interceder, así clamando:

“Padre perdónalos, porque no saben lo que hacen.”

Y dijo verdad. Ignoraban los pérfidos, lo que hacían.

No sabían que en un tiempo y  un instante,

el edificio del magnífico Templo

Vendría abajo y en ruinas quedaría.

Como queda todo aquello que

Ignorando al justo y a su justicia

No los defiende, los traiciona o los mancilla.

Y es, el insensato en su proceder,

Que tratando de destruir la santa y pura esencia,

De la justicia virtuosa al igual que al que la lleva,

Viene a destruir su propia esencia

De lo que es justo y de lo que trae justicia.

Pero el justo conquistó la muerte.

¡Ya no está Jesús en el madero!

¡Ni debiera estar jamás!

Mejor es que entregue yo, la maldad mía,

En esa cruenta cruz vacía.

Ana E.

Derechos Reservados

 

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